sábado, 17 de febrero de 2018

SI YO TUVIERA MI VIDA PARA VIVIRLA DE NUEVO



SI YO TUVIERA MI VIDA PARA VIVIRLA DE NUEVO



Me habría ido a la cama cuando estaba enferma, en vez de creer que la tierra se detendría, si yo no estaba en ella al día siguiente.


Hubiera encendido la vela rosada, en forma de rosa, antes de que se derritiera guardada en el armario.

Habría invitado a mis amigos a cenar, sin importarme la suciedad de la alfombra y el sofá desordenado.

Habría comido las palomitas de maíz en el "salón de las visitas" y me habría preocupado menos del engorro que suponía, cuando alguien quería encender el fuego en la chimenea.
Habria dado mi tiempo, para escuchar a mi abuelo divagando sobre su juventud.
Habria compartido mas el dia a dia con mi marido, que con la oficina.
Me habria sentado en el prado, sin importar las manchas de la hierba.
Habria llorado y reido menos viendo televisiin y mas mientras vivia la vida.
En lugar de evitar los malestares de los nueve meses de embarazo, habria atesorado cada momento y comprendido que la maravilla que crecia dentro de mi, era mi unica oportunidad en la vida de asistir a Dios en un milagro.
Cuando mis hijos me besasen impetuosamente, nunca habria dicho "cuidado, estoy ocupada, ahora ve y lavate para la cena", Habria habido mas "te quiero" y mas "lo siento"
Pero sobre todo, quiero darle otra oportunidad a la vida, quiero aprovechar cada minuto.
Mirar las cosas y realmente verlas... vivirlas y nunca volver atrás.

DEJAR DE PREOCUPARME POR LAS COSAS PEQUEñAS Y COMENZAR A PREOCUPARME POR LAS COSAS BELLAS QUE SI IMPORTAN!!!

No te preocupes sobre a quien no le agradas, quien tiene mas o quien hace que. En lugar de eso, atesoremos las relaciones que tenemos con aquellos que de verdad nos quieren.




ERMA BOMBECK 

(escrito después de descubrir que estaba muriendo de una enfermedad terminal)

domingo, 11 de febrero de 2018

CUANDO LAS CABEZAS DE LAS MUJERES SE JUNTAN ALREDEDOR DEL FUEGO


“Cuando las Cabezas de las Mujeres se juntan alrededor del fuego”.
 (Simone Seija Paseyro, Uruguaya)

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “venite el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.


Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

viernes, 8 de diciembre de 2017

UN MARAVILLOSO CUENTO DE NAVIDAD

Había una vez, en un pequeño pueblo, un viejo cura párroco famoso y respetado por su sabiduría y su bondad.

Su parroquia, bastante alejada de la plaza central del pueblo, se mantenía casi ignorada y oscura durante todo el año. Sin embargo, cada diciembre, cuando se acercaba la Navidad la calle entera de la iglesia parecía adquirir luz propia.


Es verdad que el desproporcionado árbol de Navidad que el anciano armaba en el ciprés de la vereda, frente a la iglesia, irradiaba un brillo incomparable, pero no era sólo eso. Cada ladrillo del frente del viejo edificio parecía iluminarse desde adentro y alumbrar la que hasta unas horas antes era una de las calles más oscuras del barrio.


Desde la otra punta del pueblo se veía la luminosidad que parecía expandirse desde la vieja parroquia elevándose en el cielo.
Quizás poe eso, quizás por la nobleza del viejo cura, hombre puro de alma y espíritu y sacerdote de fé, inquebrantable, quizá por la suma de todas las cosas, la Navidad traía al pueblo un hecho que para muchos representaba un milagro navideño.


Cada año, para estas fechas todos los que tenían un deseo insatisfecho, una herida en el alma o la imperiosa necesidad de algo importante que no habían podido lograr, iban a ver al viejo cura. El se reunía con ellos, los escuchaba y los convocaba para que prepararan su corazón para un milagro antes de las doce de la noche del veinticuatro de diciembre.


Cuando el día esperado llegaba y todos estaban reunidos frente a la parroquia, el cura encendía todavía algunas velas más alrededor del árbol, y luego recitaba una oración en voz muy baja...como si fuera para él mismo.
Dicen...que cada Navidad Dios escuchaba las palabras del párroco cuando hablaba.
Dicen que a Dios le gustaban tanto las palabras que decía, dicen que se fascinaba tanto con aquel árbol de Navidad iluminado de esa manera, dicen que disfrutaba tanto de esa reunión cada Nochebuena...Que no podía resistir el pedido del cura y concedía los deseos de las personas que ahi estaban, aliviaba sus heridas y satisfacía sus necesidades.


Cuando el anciano murió, y se acercaron las navidades, la gente se dio cuenta que nadie podría reemplazar a su querido párroco.
Cuando llegó diciembre, sin embargo, decidieron de todas maneras armar el árbol de Navidad frente a la parroquia e iluminarla como lo hacía en vida el sacerdote.
Y esa Nochebuena, siguendo la tradición que el cura había instituído, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunieron en la vereda y encendieron velas como habían aprendido del viejo párroco...


Se hizo un silencio...Nadie sabía lo que el viejo cura decía cuando el árbol se iluminaba por completo....Como no conocián las palabras, empezaron a cantar una canción, recitaron unos salmos y al final se miraron a los ojos compartiendo en voz alta sus dolores y alegrías en ese mismo lugar, alrededor del árbol.


Y dicen...que Dios disfrutó tanto de esa gente reunida alrededor del ciprés, frente a la vieja parroquia, hermanados en sus deseos...que aunque nadie dijo las palabras adecuadas, igual sintió el deseo de satisfacer a todos los que ahí estaban. Y lo hizo.


Desde entonces cada Nochebuena en aquella parroquia, alrededor de ese árbol tan especial, algunos milagros ocurrían, posiblemente en honor o quizás, por que no? por influencia del cura párroco...
El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo...


Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el pueblo donde está la parroquia.
Nunca conocimos al bondadoso anciano y mucho menos sabemos cuáles eran sus mágicas palabras...Nosotros ni siquiera sabemos cómo armar nuestro árbol de navidad de la manera que él lo hacía...
Sin embargo, hay dos cosas que sí sabemos, sabemos ahora esta historia y sabemos que se acerca la Navidad... 


Y dicen...que Dios adora tanto este cuento... que disfruta tanto de las historias navideñas,que basta que alguien cuente esta leyenda y que alguien la escuche o la lea...para que él, complacido, satisfaga cualquier necesidad, alivie cualquier dolor y conceda cualquier deseo a todos los que todavía, aunque sea un poco, creen en la magia de la Navidad.

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL VALOR DEL ANILLO





EL VALOR DEL ANILLO

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... -y después de una pausa agregó: -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -asintió el maestro. Se quitó el anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete antes y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara, y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -mas de cien personas- y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero.
¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender al anillo y pregúntale cuánto te da por él.
Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas.
Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¿¿58 monedas?? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo-.

Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto,
volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.



"Los cuentos sirven para dormir a los niños y despertar a los mayores"
Cariños a todos de Laura
http://www.miscyberamigos.blogspot.com

miércoles, 4 de octubre de 2017

TU LUGAR EN EL MUNDO













Nadie en el mundo va a darte tu lugar
si tu no lo ocupas primero. Al que elige con firmeza su papel nadie le
dicta el libreto ni le señala cuando debe entrar o salir; solo tu eres el
director, guionista y protagonista de tu historia

No importa tanto en
realidad si eres un actor secundario en la obra de otros, lo esencial es que
seas el actor principal en la tuya, y también el redactor de tu libreto.
Es
irrelevante el tiempo asignado a tu papel, siempre será el necesario para tu
participación, pero cuida de no equivocarte de escenario: el tuyo es aquel en el
que se juega tu suerte, no la de otro, por apasionantes que puedan parecer los
libretos ajenos.

Esto tiene que ver con la elección consciente de tu
libertad en todos los niveles, que te llevara siempre a negarte a la aceptación
de ese papel que muchos asumen para descansar de sus obligaciones: el de
víctima.

Indaga profundamente en tu interior cual es tu sino, cuales son
tus talentos, cuales los lenguajes con los que ansias expresarte, y luego actuá.
No te limites a una sola forma de expresión, emprende la aventura de descubrir
de cuantos modos podes llegar a los demás con tu mensaje. Cada conducta es una
forma de manifestación, no te limites al desempeño de un único papel en tu vida.
Cambia, amplia tu experiencia, pruébate en cosas nuevas, ensaya algo distinto en
tu casa, en tu trabajo, en tus pasatiempos, en la forma de vincularte con los
demás, en el modo de amar a los que amas.

No permitas que el miedo, los
prejuicios, la moda, la rutina o la presión de los demás aplaquen esa potencia
creadora que habita en tu interior, exprésate y no te justifiques, no expliques,
no argumentes.

Actuá, que, por cada uno que critica en voz alta, existen
diez hermanos silenciosos que crecen con tu ejemplo y a quienes tu coraje
impulsa a buscar en si mismos la fuerza que te anima.

Existe una verdad en ti,
debe ser revelada y transformada en acción. Esa verdad se refiere a tu
esencia y a las características peculiares que te identifican.


ES LA UNICA OPORTUNIDAD
QUE TIENE EL MUNDO DE CONTARCON ALGUIEN COMO TU !