lunes, 6 de febrero de 2017

HOY DOY GRACIAS ♥


Hoy doy gracias a mis pies, porque sostuvieron mi andar; 
a mis manos, por permitirme alcanzar lo que quiso mi corazón y mi estómago;
a mis pulmones por recordarme que adentro y afuera es igual; 
a mis ojos que fotografiaron cada haz de luz; 
a mis huesos por ser mi tronco; 
a mis venas por ser ligeras y trabajadoras; 
a mi corazón por hacer jugar en armonía entre dar y recibir; 
a mi mente por ayudarme a ordenar; 
a mi ego por la crisis constante; 
a mi espíritu por su paz eterna;
a mis otros yo, llamados también amigos, 
vecinos, enemigos, errantes, micreros,
feriantes, taxistas, estudiantes, familia, amantes, 
soldados, políticos, 
hermanos, panaderos, ... 
A todo(S). Gracias por estar.

Catalina Cruzatt 
"Bimba Bimba".

domingo, 5 de febrero de 2017

CUANDO VEAS UN COLIBRÍ ♥





Cuando en un jardín aparece un colibrí, nos viene a contar que las almas de los que amamos están bien.
Nosotros lo llamamos PICAFLOR, muchos otros colibrí.
En mi terraza solía aparecer y mi mamá gritaba ¡carta!… ¡carta …!
mi abuela decía ¡aviso…!!  ¡aviso …! y ma mandaba urgente a
preparar un vasito con agua y mucha azúcar , que según dicen
es lo que le gusta tomar.
En medio de ese alboroto , siempre enamoradiza yo pensaba
-¡Ahora lo voy a ver …! Tal vez lo viera, tal vez no … pero
¿Quién puede parar esa “tormenta de sentires” ?

Cuenta una leyenda guaraní, que la muerte no es el final de la vida, pues el hombre, al morir, abandona el cuerpo en la Tierra pero el alma continúa su existencia.
La leyenda dice que se desprende el alma y vuela a ocultarse en una flor a la espera de un mágico ser.
Entonces, es cuando aparece el “mainimbú” (nombre guaraní del Colibrí) y recoge las almas desde las flores, para guiarlas amorosamente al Paraíso. Esta es la razón de que vuele de flor en flor.
Antiguamente se creía que el colibrí provenía de un país de hadas y quien tenga hoy el placer de contemplarlo, no estará lejos de opinar lo mismo.
El Colibrí habita en toda América pero especialmente en zonas tropicales. Hay distintas especies: el sunsún de Cuba no alcanza los 5 centímetros de longitud y es el pájaro más pequeño que se conoce.
El nido es diminuto como su dueño: tiene el tamaño de una nuez. Cuando vuela, sus alas vibran a una velocidad increíble y es imposible distinguirlas. Mientras absorbe el néctar parece como si su cuerpo se encontrara suspendido en el aire.
Si lo ven, pónganse contentos, porque se cuenta que cuando un picaflor o colibrí se acerca a una casa, es señal de que habrá gratas visitas y que una alma será amorosamente guiada al Paraíso.
Para los que creen en la magia y en los sueños …
Quiero contar hasta que quede sin aliento
quiero untarme de magia y emborracharme de sueños …
A orillas de un suave arroyo
hay un bosque perfumado
¡Siente cómo huele…!
El amor se ha cobijado
en dos tiernos corazones
FLOR y ALI
el frescor del bosque lame sus corazones
y ellos se aman, se besan , se descubren
en secreto. Escondidos
¡ no los vayan a encontrar !
sus tribus son enemigas.
Dicen que un día ruge el cielo
pesados velos de agua
cubren enteros caminos.
Flor , la bella morena fue llevada por el viento
nadie la puede encontrar.
Su amado acude a Tupá
creador de la luz y el universo.
-Ayúdame que sin ella
no podré vivir jamás !
La luna, compadecida
cuenta  la pura verdad
-Tu amada es ahora una flor.
Ante el asombro lunero
Alí se va haciendo  pequeñito
hasta mutar en un pájaro
de bellísimos colores
delicado cual un cáliz de cristal.
¡Un colibrí …! la dulzura
lo va invadiendo…
se derrama en tenue luz.
Desde entonces
triste pasa sus días
besando labios de flores
buscando una … una sola…
aquélla que tanto ama.
Dicen que aún la sigue buscando.
Dicen que no pasa un día
sin que vuele su lamento
¡Escucha…! ¡ siente cómo le duele…!




martes, 31 de enero de 2017

CUANDO LAS CABEZAS DE LAS MUJERES SE JUNTAN ALREDEDOR DEL FUEGO


“Cuando las Cabezas de las Mujeres se juntan alrededor del fuego”.
 (Simone Seija Paseyro, Uruguaya)

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “venite el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.


Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.